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EXPOSICIONES ACTUALES
Como en las maniobras de aproximación en un aterrizaje, trazar círculos hasta descender y tomar tierra podría ser una táctica ade - cuada. Si a ello sumamos la segunda parte del título de esta se - sión expositiva, se comprenderá mejor la intención de acercarse a las prácticas conceptuales, tan decisivas en el devenir del arte contemporáneo, o bien dando un rodeo o bien tangencialmente. Las periferias conceptuales que aquí interesan son tanto geográ - ficas, como de aquellas ideas no centrales que este movimiento desarrolló desde sus inicios. Esa tendencia que aquí se busca de ir hacia los márgenes del mapa bien pudiera ser simbolizada por dos muestras individuales que componen esta sesión expositiva. Por un lado, la del ya citado Nacho Criado, no sólo por su condición de periférico respecto a los principales centros artísticos internacionales, sino también por cómo abordó esas prácticas tempranamente en el panorama artístico español. Por otro, la artista chilena Lotty Rosenfeld une a la geografía su rebelión frente a cuestiones políticas y de género. Además, son tangenciales por distintos motivos a las prácticas conceptuales los artistas Agnès Varda y Ai Weiwei. Por último, las dos colectivas -realizadas a partir de obras de la colección del CAAC- se inspiran en el libro de Simón Marchán, recientemente reeditado, titulado Del arte objetual al arte de concepto.
A través de más de dos centenares de obras de la colección permanente del CAAC, esta exposición indaga en dos de las principales líneas de desarrollo del arte de acción: el arte de comportamiento, centrado en el análisis de las formas de relación individual y social; y el body art que nació como desarrollo del anterior y abarca gran cantidad de manifestaciones artísticas relacionadas con el cuerpo. La muestra incluye desde trabajos de algunos de los protagonistas históricos de estas tendencias -Valie Export, Marta Minujín, Bruce Nauman o Rudolf Schwarzkogler- hasta obras de artistas más recientes y en las que perviven referencias al arte de comportamiento o al cuerpo como espacio de investigación social. A todos ellos se une una nutrida presencia de artistas andaluces que, en las últimas décadas, han continuado explorando cómo el cuerpo es un lugar propicio desde el que indagar en las secuelas del poder y ahondar las grietas que en él produce la alteridad.
A finales de los años 70, Chile era un país bajo una dictadura militar. Este contexto proporcionó a Lotty Rosenfeld gran cantidad de material para crear un arte que trascendiese los límites de su represiva realidad. Al abordar la complejidad de la vida cotidiana de su país sin reproducirla, Rosenfeld lleva a su público a esa oposición que ella siente hacia todas aquellas situaciones que violan los derechos humanos, sin importar si vienen dictadas por generales crueles o determinadas por las maniobras de una economía de mercado. Por una poética de la rebeldía nos acerca al trabajo realizado por esta artista entre 1979 y 2013, incluyendo una nueva versión de una de sus obras más emblemáticas, Una milla de cruces sobre el pavimento, acción que ha llevado a cabo en espacios muy distantes y diferentes, aunque dotados siempre de una gran carga simbólica (desde el Palacio de la Moneda de Santiago de Chile a las inmediaciones de la Casa Blanca en Washington, pasando por la Plaza de la Revolución en La Habana o el Muro de Berlín). Esta exposición abarca, por tanto, más de 30 años de práctica artística rigurosa y explora cómo el arte y las perspectivas sociales pueden crear contextos en los que el arte y la estética se unen fuera del canon tradicional.
Las diferentes manifestaciones comprendidas dentro de la estética de la resistencia han construido diversas vías de conocimiento en los desarrollos artísticos de las últimas décadas. Ai Weiwei podría singularizar una de las vertientes de esta estética entendida en un sentido no muy lejano a lo que Hal Foster definió como postmodernismo de resistencia: aquel que piensa políticamente las cuestiones referidas al lenguaje y a la representación. Para situarse ante su obra, es necesario ser conscientes del tiempo y del espacio en los que se produce: el tiempo del capitalismo de Estado en el profundo cambio geopolítico en China durante las últimas décadas. La gran mayoría de sus trabajos participan de ese tiempo político y de ese espacio cultural y, al igual que ellos, están en continua y vertiginosa trasformación. Esta es una sus características: utilizar y pervertir la tradición cultural china y la artística occidental como actos de resistencia política, para los que se vale de todas aquellas herramientas que le son útiles, a las que une como singularidad la rapidez en el empleo de las redes sociales. La exposición de Ai Weiwei en el CAAC parte culturalmente de un tiempo y un espacio concretos: por un lado, nuestra contemporaneidad; por otro, nuestro propio espacio físico, el antiguo monasterio cartujo unido a la expansión colonial, que en el siglo XIX se transformó en fábrica de loza y porcelana china. Por este motivo, la muestra tiene como protagonistas sus trabajos cerámicos, en un intento de comprender lo que Roger Buergel denominó en documenta12 -en la que participó activamente Ai Weiwei- como migración de las formas.
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